Uruguay

Jugar contra Uruguay en el ciclo Tábarez se ha caracterizado, siempre, por ser algo realmente molesto. Las figuras de Arévalo Ríos, Godín, el ruso Pérez, el cebolla Rodríguez, Lugano, y por supuesto, Luis Suárez, han dotado al equipo celeste de un colmilloque les ha permitido competir en los escenarios más delicados y exigentes, aún sin tener gran finura en algunos aspectos del juego que parecían decisivos de cara a conseguir resultados.
Tabárez construyó su selección uruguaya bajo la premisa de saber ocupar bien los espacios en campo propio, ser muy agresivo en cada pelota dividida y pausar siempre el ritmo ofensivo del contrario. El perfil de futbolista que manejaba, y sobre todo la presencia de un mariscal en la defensa del área como Diego Godín, sin duda uno de los grandes gigantes de nuestro tiempo en el manejo de ese tipo de escenario, derivó en un equipo indiscutiblemente muy competitivo.
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Para lograrlo, la figura de Luis Suárez era absolutamente imprescindible. Y además no un Luis Suárez cualquiera, sino el que estaba en plenitud física. El plan de Tábarez de un repliegue con el bloque bastante abajo carecía de profundidad suficiente como para dañar a su rival de forma constante, pero su delantero centro lograba estirar todas las piezas con una naturalidad pasmosa. Su explosividad para moverse a los espacios y su posterior talento para guardar el cuero y leer los movimientos de sus compañeros fueron oro para Uruguay durante mucho tiempo.
Sin embargo, Luis Suárez ha dejado de ser un delantero capaz de hacer ese tipo de esfuerzos de forma constante, y Tábarez se ha visto obligado a modificar de forma significativa su plan de juego. Ya en el Barcelona -quedó claro en algún día clave donde la presión rival era muy agresiva como ante la Roma- no es ese punta que limpia todo el frente del ataque a Leo Messi con movimientos largos y profundos, bien en diagonal o bien en vertical, y es algo que a selección uruguaya “clásica” de Tabárez le haría todavía más daño.
Jugadores como Vecino, De Arrascaeta o Bentancur permiten a Uruguay fases más prolongadas de pelota en campo contrario, y eso sin duda acercará a Luis Suárez al contexto donde de momento sigue siendo totalmente letal: el área rival. Además, la presencia de jugadores como Vecino o Nández permiten también no sólo basar la defensa en proteger el espacio, ya que están preparados para presionar, mientras que haber colado en la élite a un central como Giménez, hará que tener la línea defensiva más adelantada tampoco sea un problema. Todo para que Luis Suárez pueda vivir cómodo, sin duda la mayor garantía de éxito del equipo celeste.
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Tabárez construyó su selección uruguaya bajo la premisa de saber ocupar bien los espacios en campo propio, ser muy agresivo en cada pelota dividida y pausar siempre el ritmo ofensivo del contrario. El perfil de futbolista que manejaba, y sobre todo la presencia de un mariscal en la defensa del área como Diego Godín, sin duda uno de los grandes gigantes de nuestro tiempo en el manejo de ese tipo de escenario, derivó en un equipo indiscutiblemente muy competitivo.